Quest for a Cure

May 9, 2026 · 4 min read · blog · music · games

Ha pasado mucho tiempo desde que acabé Baldur’s Gate 3, tras un año y pico de dedicarle huecos que me iba buscando, sacrificando siestas y lecturas, a veces incluso madrugando un poquitín. Más de ciento cincuenta horas y aun así algunos flecos de las historias no pude alcanzarlas o revelarlas.

No fui un gran jugador de las primeras entregas, o de otras primas-hermanas, pero sí he acabado algunas grandes historias del mundillo, como bastantes Final Fantasy, un par de Elder Scrolls, Neverwinter… Y no solamente éstos, sino que de las grandes, grandísimas novelas escritas presumo de haber ido coleccionando y casi estudiando algunas de ellas. Pero eso daría para otro post y tampoco quiero que éste sea algo así como un Curriculum acerca de este afán quijotesco de devorar fantasía y ciencia ficción. Con ello quiero decir que sin ser un erudito en este ámbito, ni muchísimo menos, tengo algunas referencias y que a lo largo de este camino algún diamante he podido encontrar.

Ocurrió que mientras estaba con mis quehaceres de hoy, sábado nunca monótono cuando se trata de lidiar con los minions, sonó en mi lista de música Quest for a Cure. Automáticamente fui catapultado a la Costa de la Espada y arrastrado con sus delicados y casi tímidos acordes iniciales a la búsqueda de esa cura.

De pronto, el camino que uno había diseñado para sí mismo se ve torcido por las circunstancias. Algo penetra en ti y te corrompe poco a poco, hasta que te cambie para siempre si no pones un remedio. He de reconocer que el hilo general del juego a priori no me hizo mucho tilín, pero esta canción hizo que se armonizara y me congraciara con él desde el primer instante en que comencé a escuchar esos compases. No sé qué tienen. No es nada épico ni glorioso lo que se despierta al escucharlo, es más bien sutil. Hay una llamada a la aventura, velada por el equilibrio que poco a poco se desmorona ante el nuevo amanecer.

Imagina que un día de buenas a primeras algo te sobreviene. Ese algo te obliga a tomar acciones, a empezar una nueva aventura, pero es extraño porque sigues en tu hogar, el día es muy parecido al de ayer y de no ser por esa noticia, el filtro con el que lo mirarías sería completamente distinto. Todo sigue igual, pero a la vez es muy distinto. Sin embargo debes iniciar esta aventura, una aventura por encontrar una cura a esa nueva situación. Debes sanar. Sigues en casa, todo sigue en su sitio, donde lo dejaste, y los cielos no se han teñido de rojo ni ha aparecido un Gandalf para encomendarte la destrucción del terrible artefacto. Está todo en ti. Si te quedas en silencio todo estará en calma ahí fuera, pero el ruido lo llevas dentro. Es entonces cuando conectas con lo más hondo que llevas y te preguntas quién eres realmente y cómo has llegado a esa situación.

Supongo que ese fuerte paralelismo con lo que son las vicisitudes de la existencia es lo que convierten, al menos para mí, los primeros andares en el mundo de Puerta de Baldur en algo tan magnético. Desde luego no acabó ahí. Una vez digerida la premisa inicial es cuando la cosa se pone interesante. Aparecen nuevos amigos y aliados, cada cual con sus luchas, su carácter y aristas. No es un recurso narrativo novedoso ni suficiente, por supuesto, pero sí necesario. A partir de ahí la trama empieza a desenrollarse y aquéllo se convierte en un festival. No me pararé aquí a comentar la cantidad de momentos memorables que trajo consigo esta aventura, aunque sí el vacío narrativo que dejó cuando todo acabó.

Volviendo a la música, dejo aquí algunas pistas que me han dejado un tatuaje mental. Es una pequeña muestra que me he pasado horas escuchando en bucle y comparto por aquí, por si sientes curiosidad y tienes un buen rato para escuchar. Las historias que acompañan no tienen desperdicio.

Disfruta escuchando.