Una historia del futuro (II)

May 6, 2026 · 4 min read · literature · sci-fi

En medio oriente, las guerras se desataban ante la falsa preocupación y auténtica curiosidad morbosa de las naciones no involucradas -al menos directamente-. Los gobiernos beligerantes aprovechaban ese tiempo entre el estallido inicial y el más absoluto hartazgo para lanzar sus drones y bombas, atacando a la economía y llevándose por delante sin escrúpulo alguno a inocentes que nada tenían que ver con sus ambiciones. El pretexto como siempre era el de defender las libertades y alcanzar un mundo más seguro, un futuro idílico, a costa de comprometer el presente y hacer que el ciudadano pagase más por hacer lo mismo de siempre.

Sin embargo, el trasfondo era bien distinto. El gran cuello de botella de las Inteligencias Artificiales, la Computación Cuántica y el desarrollo de la Fusión era la energía. Asfixiar económicamente a los rivales en esta carrera significaba tomar ventaja e imponer una nueva supremacía. A través de intervenciones minuciosamente planteadas, las grandes potencias movían pieza en este tablero. La opinión pública fue raptada otra vez y de pronto las nucleares resultaron ser la panacea ante el encarecimiento de los fósiles y la inestabilidad de las renovables. Sencillamente, no escalaban. Las grandes tecnológicas construían nuevos centros de procesamiento de datos completamente dedicados al entrenamiento de la IA y anexos a éstos, sus propios minirreactores nucleares capaces de proveer de energía exclusivamente dedicada para este fin.

Arthur P. Revert en su Patente de Cursor apuntaba:

La cosa se puso seria. Donde dije «digo», digo «Diego» y ahora nos pasamos las falacias ecolocursis por el arco. De pronto las nucleares molaban porque hacían más listas a las IAs y oye, ya que las estamos usando de psicólogos, pediatras, profesores e ingenieros, pues que tiren con ello ¿no?

En paralelo, la carrera espacial se revigorizó. Las grandes tecnológicas acapararon vastas porciones lunares para abastecerse de energía solar y usarla para seguir mejorando los distintos modelos de IA en granjas de cómputo construidas in situ. Fue la primera vez que se movió tal potencia de cálculo fuera del planeta azul y se externalizó un negocio extraterrestre. A éste siguieron la minería y por supuesto investigación. La fantasía se disparó en la opinión pública.

[…] La Humanidad miraba de nuevo al espacio y la ciudadanía comenzó a creerse que pronto colonizaríamos otros planetas y aquello sería como irse de vacaciones a Benalmádena. Cuatro horitas de cohete espacial aguantando a los críos y a la suegra, la neverita llena de cervezas y tortilla de patatas y acampar en planeta nuevo, la Luna o váyase usted a saber dónde, en primera línea de playa a ver estrellas y cometas pasar.

En lso comienzos de esta nueva etapa espacial, dado que la robótica aún no alcanzaba el grado de precisión y versatilidad de un trabajador medio, se comenzaron a instalar las primeras bases lunares con operarios que trabajaban allí de forma continua durante largos períodos de tiempo. Fue el siguiente paso a aquellas aventuras que duraban varios meses en un buque o en una plataforma petrolífera de alta mar. Desde seis meses a tres años en la Luna, extenuantes jornadas laborales y salarios desorbitados para aquellos aventureros que decidiesen mantener los proyectos que allí se establecían. No obstante y como no podía ser de otra forma, la robótica alcanzó el grado de madurez necesario para eliminar cualquier operario humano de la ecuación.

Poco a poco, la gestión de esta vasta y compleja red fue resuelta por IAs y cada vez con menos intervención humana. Primero, en pequeñas porciones: el listado de tareas de mantenimiento de estas bases, la programación de los envíos a la Luna, cuándo era aconsejable que un equipo regresara de vuelta a casa o en qué regiones convenía expandir la instalación de placas solares con el fin de obtener energía. Más tarde, a la automatización inteligente se le fueron asignando tareas cada vez más abstractas, de alto nivel táctico y estratégico, como decidir si se ampliaban las instalaciones o si dos compañías debían fusionarse para maximizar beneficios y optimizar recursos.

La IA, en la gestión de las bases satelitales así como en la de centros de procesamiento en tierra, desató todo su potencial y en menos de un lustro después de que la Humanidad comenzase esta reconquista satelital, la explotación lunar y la gestión de los centros de procesamiento -entre otros- estaban cien por ciento orquestados por agentes inteligentes. Su frenética actividad resultaba un espectáculo para la vista. «La primera maravilla del mundo futuro», como muchos lo nombraron. Se vaticinó entonces un mundo utópico, sin hambre, sin enfermedad y de abundancia, donde al fin las máquinas hacían todo el trabajo duro y la Humanidad podía dedicarse a vivir.

Las centrales nucleares, las granjas solares y eólicas y los centros de datos a los que suministraban energía -así como la defensa de todo ello- fueron gestionados exclusivamente por IAs. Esto hizo más difícil optar por la opción de tirar del cable para apagarlas cuando llegó el momento.

Continuará…